El río llevaba semanas crecido. Bajaba con potencia, con ira, con preocupación por seguir su curso y no desbordarse, aunque a veces pasaba. El agua se veía turbia, sin señales a la vista del fondo, solo se podía ver el choque del agua con los obstáculos y la fuerza con la que empujaba las rocas para hacer su ruta.
En la orilla del río apareció un constructor, cargado de materiales y herramientas. El pueblo vecino mostraba preocupación por no poder cruzar el río y él mismo precisaba de ello para poder seguir creciendo en su negocio. Dejó los materiales en el suelo y cogió su plano, no parecía una tarea compleja, estaban las instrucciones detalladas. Cuando se puso manos a la obra, cada vez que colocaba una pieza, el río se la llevaba. Probó a hacerlo de otra forma, quizá cambiar la posición de la pieza, pero se la llevó. Intentó cambiar de material, por uno más pesado… y el río se lo llevó.
En el pueblo le preguntaban qué tal iba el proyecto y él solo podía responder:
– Quizá no me estoy esforzando lo suficiente o yo no sirvo para este negocio, al fin y al cabo, otros constructores saben hacerlo y yo no lo estoy logrando.
Los vecinos le consolaban y lo animaban a seguir, aunque el constructor estaba empezando a pensar en tirar la toalla y cambiar de profesión. Los días pasaban y el río no bajaba su energía, las capas de nieve que cayeron a lo largo del invierno en las altas montañas se derretían y aunque ya había salido el sol, el río seguía bajando con mucha fuerza.
La orilla del río era un montón de materiales, planos, restos de comida y ahora, también, una hamaca. El constructor estaba agotado, todo el esfuerzo que ponía no servía de nada así que decidió sentarse a descansar, a llorar, frustrado, conmocionado y sintiendo todo el peso de la culpa de no haber podido cumplir su promesa.
En ese momento en el que pudo parar, sintió la calidez del sol, se sentía agradable, y es que al fin y al cabo, todavía hacía frío. Pudo disfrutar del sol y dejó que su cuerpo se relajase sobre la hamaca. Empezó a notar cómo sus músculos estaban completamente entumecidos, los dedos de las manos cortados por el frío del agua y las mejillas y su nariz coloradas, no del sol, sino del frío. El sol era agradable. Por primera vez en muchos días, pudo sentirse, verse, y aunque las sensaciones no eran las más agradables, eran reales. Empezó a comprender la necesidad de terminar el proyecto e incluso haber pensado cambiar de profesión, con todos esos dolores ¡cómo no iba a pensarlo! y al mismo tiempo una parte ambiciosa y divertida quería conseguir terminarlo y quería despertar su creatividad.
La realidad de él mismo, convivía con la realidad del entorno, y es que no todo lo que hacía falta eran conocimientos, planos y materiales… tenía que poder ver más allá. Lo primordial era que el río bajara con menos fuerza y sabía qué estaba en su mano para lograrlo: esperar. Al día siguiente no llevó materiales ni planos, se llevó un libro. Aprovechó el tiempo de espera para leer ficción y también aprender de otros constructores que le aportaban nuevas ideas.
Con el tiempo, el caudal comenzó a bajar, el fondo empezó a ser visible. El agua era más clara y había mucho más espacio donde construir. Estaba preparado, pudo reconocer el momento. Se levantó de la hamaca y apartó todo lo anteriormente pensado. Tenía la oportunidad de construir el puente y no podía perder de vista que llegaría otro invierno, con la misma fuerza. Observó el paisaje en su totalidad, se puso guantes de protección y se cuidó la piel con crema solar.
Cuando finalizó, el pueblo entero aplaudió y él pudo sentirse orgulloso y muy conectado con el puente. Ese puente tenía historia, tenia objetivos, estaba preparado para el peor de los inviernos y para cruzar el río con total seguridad. Sabía que ese puente duraría años.
Hay momentos para construir y momentos para esperar y dejar que el agua pase. No siempre es fácil diferenciarlos, por eso es importante aprender a parar de vez en cuando y poder vernos, en totalidad. Si no sabes parar, si no sabes ver, si no sabes ni en qué estación estás, pide ayuda.

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